Litio y su uso en psiquiatría

La depresión clínica se caracteriza por sentimientos de desesperanza, estado de ánimo bajo, problemas de concentración, insomnio, pérdida de apetito y sentimientos de desesperanza e inutilidad.

En casos extremos, pueden aparecer pensamientos suicidas duraderos durante un período de tiempo. Los cambios de humor e irritabilidad son un síntoma distintivo de la posibilidad de un episodio depresivo.

En enfermedades como el trastorno bipolar, estos episodios se manifiestan como un cambio súbito de la tristeza extrema a los sentimientos de gran júbilo, alegría energía y grandeza.

El Medicamento  litio sirve para normalizar los cambios de humor que se producen en los pacientes con trastorno bipolar y restaurar la estabilidad afectiva  a largo plazo. Además, el uso de litio como estabilizador del ánimo, sirve no sólo para minimizar la gravedad de los episodios depresivos, sino también para prevenir la recurrencia de las fases maníacas.

El efecto del litio sobre el sistema nervioso central no se conoce realmente con exactitud sin embargo, ha demostrado ser muy eficaz en la estabilización de estado de ánimo de una persona, resultando en un mejor control sobre las emociones por lo tanto, lo que reduce el riesgo de suicidio. Por esta razón, el litio se utiliza ampliamente como un tratamiento profiláctico o terapia de mantenimiento para reducir la recurrencia en pacientes que han tenido varios episodios frecuentes depresivos. Su uso en este caso no es como antidepresivo sino como estabilizador del ánimo.

El descubrimiento y uso del litio como una droga psiquiátrica

John Cade, un psiquiatra australiano, se le atribuye el descubrimiento de sales de litio como una opción de tratamiento eficaz para los episodios depresivos.

En 1949, publicó los resultados de sus experimentos controlados, en un documento Las sales de litio en el tratamiento de excitación psicótica, que fue publicado en el Diario Médico de Australia.

Su descubrimiento fue muy notable teniendo en cuenta los métodos de crudo e invasiva de tratamiento, como descargas eléctricas y lobotomías que prevalecían en esos momentos en los trastornos mentales se entiende ni bien, ni se trata adecuadamente. El descubrimiento no condujo al uso generalizado de litio en el tratamiento, hasta mucho más tarde. Por cierto, la venta de litio fue prohibido inicialmente en los EE.UU. hasta 1970, por razones totalmente diferentes.

Uso del litio actualmente para tratar la depresión y el trastorno bipolar

En la actualidad, la medicación de litio se administra a menudo como el procedimiento estándar por los profesionales de la salud mental para abordar con eficacia la depresión y el trastorno bipolar. Sin embargo, estos medicamentos con receta deben usarse sólo bajo estricta supervisión médica.

Los paciente que están en tratamiento con  litio deberán someterse con regularidad a análisis de sangre para medir la  concentración plasmática de este medicamento  (litemias).

Se cree que en el cerebro, más concretamente en los lugares responsables de las emociones y de algunas conductas, actúa sobre posibles alteraciones químicas, estabilizando de esta forma el estado de ánimo.

El litio actúa sobre la parte bioquímica  del cerebro, pero como en todo problema mental no podemos olvidar la parte psicológica.

Las sales de litio tienen un estrecho margen entre la dosis terapéutica y la tóxica, por lo que no se debe prescribir a menos que se garantice el seguimiento de las concentraciones en sangre.

Las dosis se ajustan para alcanzar concentraciones en sangre de 0,4 a 1,2 mmol Li + / l (límite inferior del intervalo para la terapia de mantenimiento y en pacientes de edad avanzada, y límite superior para pacientes pediátricos) en muestras tomadas 12 horas después de la dosis anterior.

Se considera sobredosis, generalmente, con concentraciones de más de 1,5 mmol Li + / l. Estos niveles pueden ser fatales, y los efectos tóxicos incluyen temblor, ataxia, disartria, nistagmo, deterioro renal, confusión y convulsiones. Si estos signos potencialmente peligrosos ocurren, debe interrumpirse el tratamiento, medirse de nuevo las concentraciones plasmáticas de litio y tomar medidas para revertir la toxicidad del litio.